Por el año 1974, la Agrupación mantiene toda su operatividad a pesar de los problemas que plantea la agitación política interna del Sahara y que inciden de manera especial en la tropa nativa, no obstante, desde hacía meses se estaba llevando a cabo la denominada "Operación Golondrina", que no es otra cosa que la preparación de una vasta operación logística encaminada a facilitar la posible evacuación del Sahara.

Básicamente consiste en proporcionar al Estado Mayor del Sector todos los datos que le permitan determinar los medios de transporte necesarios para su ejecución y, en consecuencia, todas la Unidades y Bases están obligados a rendir mensualmente un estadillo completo de personal, armamento, munición, vehículos, material y efectos, incluidos los personales, manteniéndolos al día en cuanto sufra alguna variación.

La preparación de esta operación lleva implícita la idea de retirada en un futuro no muy lejano y al ser los soldados saharauis conocedores de estos planes, da lugar a una inquietud añadida, por más que por estas fechas no se prevé una salida inminente del Territorio.

En octubre de 1975, la 1ª Compañía del Grupo I entrega la Base de Echdeiría a una Compañía del Tercio y se repliega a Smara, de modo que excepto la 3ª Compañía que permanece en Mahbes, todo el Grupo se encuentra en esta Plaza.

Los Grupos Segundo y Tercero mantienen su despliegue y nomadéos habituales, en tanto que desde Smara las dos Compañías motorizadas de Grupo I realizan patrullas de quince días al completo de sus efectivos.

En este mes se reciben las primeras noticias de la organización por parte Hasán II, Rey de Marruecos, de una marcha masiva sobre el Sahara español que, en la práctica, fue una leva forzosa de población por ciudades, conocida posteriormente con el nombre de Marcha Verde.

Las dificultades logísticas y los graves problemas humanos que implica un movimiento de masas de estas características con ancianos, mujeres y niños además de hombres jóvenes y maduros, hizo que ni españoles ni saharauis dieran mucho crédito a la información, y lo catalogaron como un gesto más del Rey marroquí destinado más a conseguir un efecto propagandístico que a una verdadera voluntad de llevarlo a término. Hay que admitir que logró la sorpresa.

Para cerrar el paso a la “Marcha Verde” en su camino a El Aaiún, las Fuerzas españolas despliegaron al frente en una línea que va desde Negritas, al oeste, hasta rebasar Daora por el este, cortando la carretera Tag - Aaiún y en profundidad hasta las proximidades de la ciudad. Más al este, Hagunía cierra otra línea de penetración hacia la capital del Sahara. La Agrupación de Tropas Nómadas participó en la acción manteniendo al Grupo III en sus Bases (Daora y Hagunía), el Grupo II se desplazó hacia Edchera y el Grupo I ocupó la zona más occidental del despliegue español.

Pocos días antes, el Primer Grupo había licenciado a toda la tropa nativa, de ahí que al recibir la orden de marcha hacia la costa se encontrara a un tercio de sus efectivos, a efectos prácticos en cuadro, lo que obligó al teniente coronel Ropero a hacer un llamamiento de reincorporación a la Unidad a los soldados saharauis licenciados y readmitir a todos los que acudan al requerimiento. Al igual que sucedió en Echdeiría, acudieron masivamente al cuartel reintegrándose con naturalidad a su actividad habitual.

El acuartelamiento de Nómadas en Smara se entregó a la VII Bandera del Tercio III el 4 de noviembre y a las 05.00 horas del día siguiente, el Grupo se dirigió urgentemente hacia El Aaiún. Los mandos españoles eran conscientes de la gravedad de la situación, aunque no se esperaba que los acontecimientos se desarrollaran con tan inusitada rapidez, pero aún así, algo les decía a los Nómadas que el adiós a Smara era definitivo y que el camino emprendido era sin retorno. Significaba el fin de la presencia española en el Sahara; se dejaba atrás algo perfectamente conocido y querido a pesar de todas las dificultades y fatigas que en el desierto son norma de vida y se encaminaban hacia algo parcialmente conocido, desdibujado por informaciones difusas y con la tremenda incertidumbre sobre la reacción del Gobierno ante la agresión marroquí. Con este inefable estado de ánimo, con el tremendo calor del día y con la nostalgia envolviéndolo todo, se cubre la primera etapa de la jornada.

A las 14.00 horas, llegó el Grupo a El Aaiún y, ante la urgencia de la operación, la Unidad vivaqueó en las afueras de la ciudad en espera del regreso del Teniente Coronel del Cuartel General del Sahara, donde había recibido las órdenes pertinentes, realmente, no fueron muy explícitas.

La misión del Grupo consistía en ocupar y controlar una extensa zona de terreno que, desde la misma frontera con Marruecos limita con el mar por el Oeste y la pista que enlaza la localidad marroquí de Tantán con El Aaiún por el Este, quedando fuera de su responsabilidad esta última.

Para cubrir el frente asignado, el Grupo situó en línea de Oeste a Este las Mías 1ª mandada por el capitán César Goas Escribano y la 2ª al mando del capitán Paulino García, y un destacamento logístico al mando del capitán Gerardo Acereda Valdés, S-4 de la Plana Mayor de Mando y jefe de la Mía de Plana Mayor de Grupo, para el abastecimiento y apoyo logístico que se precisase. El Grupo salió de Smara con las necesidades básicas cubiertas a nivel patrulla de carburante para 1.000 km., alimentación para ocho días y munición para cuatro días de combate. Es precisamente por esta vía de comunicación, por donde discurriría la Marcha Verde. Se trata de un terreno difícil cubierto por dunas, obstáculo importante para el movimiento de vehículos aunque no totalmente prohibitivo, circunstancia determinante que cayera bajo la vigilancia exclusiva de las patrullas a camello del Grupo III de la Compañía destacada en Daora. Recibida la Orden, el Grupo inició una marcha táctica hacia el norte. Alcanzó el sector asignado a las 19.00 horas y, sin solución de continuidad, las Compañías ocuparon su puesto dentro del despliegue con la 1ª Cía. en Negritas, junto al mar, la 2ª Cía en el límite Este del sector del Grupo y la 3ª Cía centrada con las anteriores y más al Sur y en el centro del dispositivo la Cía de Plana Mayor y el Mando con su Plana Mayor. A las 20.00 horas todo es dispositivo de vigilancia estaba listo y cerraba una posible penetración marroquí por las cadenas de dunas de la costa.

La tensión, inquietud e incertidumbre de los primeros días y la preocupación de los mandos por actuar correctamente ante una situación tan inusual, fue cediendo a medida que del desarrollo de los acontecimientos y la información sobre la organización y funcionamiento de la Marcha Verde fueron más precisas llevó al convencimiento de que Hasan II no pretendía ni una invasión violenta ni un enfrentamiento bélico con España, era simplemente una baza política, un pulso al Gobierno español del que salió vencedor.

Pasados los dos primeros días y al valorar la situación, se llegó a unas conclusiones que marcarián la actitud y actividad del Grupo I durante todo el tiempo que duró el despliegue, y son:

- Que los marroquíes no desean llegar a El Aaiún y por tanto no utilizarían la zona de dunas ni ningún otro camino.

- Que el control de la Marcha Verde por la Gendarmería marroquí tenía como objeto evitar ningún problema añadido y no deseado.

- Que España no estaba dispuesta a entrar en guerra con Marruecos por defender la integridad territorial del Sahara.

Con este convencimiento es comprensible el escepticismo de los mandos españoles, al menos los del Grupo I, y el sarcasmo con que se recibían las noticias tanto de la Superioridad como de la prensa nacional asegurando nuestra permanencia en el Sahara.La llegada de Su Majestad el Rey, entonces Príncipe de España, fue un gran estímulo para las Unidades españolas destacadas en el Sahara que, en su deseo de hacer respetar a España, creyeron ver en el gesto y palabras del Príncipe el momento decisivo en el que se ordenaría avanzar hacia el norte. La esperada orden, para bien o para mal, nunca se sabe, jamás se dió. El 10 de noviembre,conseguido su objetivo, el Rey de Marruecos ordena la retirada de la Marcha Verde.De la Marcha Verde, las fuerzas españolas salieron defraudadas, entristecidas, desmoralizadas y con enojo contenido sin que se pueda concretar contra qué y contra quién, tal vez contra el cúmulo de las desdichadas circunstancias por las que atravesaba la nación que hicieron inviable cualquier postura de firmeza.

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